Hay derrotas que duelen más que otras. Y sí, perder 3-0 contra Estados Unidos duele, porque hay partidos que, por historia y rivalidad, simplemente no se deben perder. Mucho menos de esa manera.
Pero si algo tenemos que aprender como aficionados al futbol mexicano es que no podemos juzgar un proceso de cuatro años por sus primeros partidos.
La era de Rafa Márquez apenas comienza en la cancha, aunque en realidad su proceso dentro de la Selección Mexicana viene caminando desde que se incorporó al cuerpo técnico de Javier “Vasco” Aguirre. Y ahí está, quizá, uno de los puntos más interesantes de esta nueva etapa: por primera vez tenemos a alguien que puede comenzar a construir desde dentro y no llegar de cero cuando le toque tomar las riendas.
Los primeros encuentros dejaron empates 1-1 y después llegó el golpe ante Estados Unidos. Sí, el clásico se perdió y se perdió por goleada. Pero también hay que poner sobre la mesa que fueron partidos de preparación, con jugadores que faltaron por lesiones y ausencias que limitaron las posibilidades de armar el cuadro ideal.
Se hizo lo que se pudo con lo que se tuvo a mano.
Y precisamente para eso sirven estos partidos: para probar, equivocarse, descubrir jugadores y comenzar a definir quién puede formar parte de un proyecto de largo plazo.
Desde esta gayola, yo respaldo el proceso encabezado por Rafa Márquez.
No porque haya que aplaudir todo, ni porque un 3-0 deje de ser preocupante. Se respalda porque, si realmente queremos una Selección que no dependa de una generación durante uno o dos años y después vuelva a empezar de cero, necesitamos darle tiempo a un proyecto.
Estos cuatro años deben servir para descubrir talentos, desarrollar jóvenes, darle minutos a nuevos futbolistas y, sobre todo, construir un grupo capaz de llegar completo y competitivo al siguiente Mundial, no solamente un equipo que funcione durante una temporada.
Y habrá malos partidos. Habrá empates que sepan a derrota, derrotas que dolerán más de la cuenta y seguramente habrá momentos en los que volveremos a preguntarnos si el camino es el correcto.
Pero un proceso de verdad no puede construirse solamente con victorias.
Rafa Márquez tiene cuatro años para construir, no cuatro partidos para convencer.
Ahora toca tener paciencia, observar quién levanta la mano, quién aprovecha las oportunidades y quién se queda en el camino.
El 3-0 ante Estados Unidos ya está en la historia. Que no se convierta en el resumen de una historia que apenas comienza.
Falta el último encuentro de esta fecha FIFA contra Chile, en la que se suman las bajas de Hirving Lozano y Gilberto Mora por lesión, por lo que será una gran oportunidad para jóvenes promesas.
Esta vez, la apuesta deberá ser distinta: no preparar solamente una Selección para el próximo Mundial, sino construir la Selección que pueda sobrevivir al siguiente ciclo mundialista.
Y desde la gayola, eso sí vale la pena verlo.