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 20 de octubre de 2026

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El día después del clásico

Por: Logan

El Clásico Tamaulipeco 44 tiene dueño y sí, la capital manda, pero…

El Clásico se ganó. La pregunta sigue perdiendo: ¿y el ascenso?

La capital manda y esta vez no es una frase trillada ni una cuestión de orgullo victorense. Es el fútbol del momento.

El Clásico Tamaulipeco, en su edición número 44, se quedó en Ciudad Victoria. En punto de las 19:00 horas, el Estadio Marte R. Gómez volvió a ser escenario de uno de esos partidos que, independientemente del momento que atraviesan ambos clubes, tienen una historia propia. Correcaminos contra la Jaiba Brava del Tampico-Madero, Ciudad Victoria contra el sur de Tamaulipas, la capital contra el puerto y esta vez, la capital manda.

Correcaminos se llevó el partido 1-0 con gol de Omar “El Comandante” Islas desde los once pasos al minuto 55. Un partido que comenzó con intensidad, con los naranjas intentando imponer condiciones y con Walter Ortega tomando protagonismo en la mitad de la cancha.

Fue un clásico al nivel de la categoría. Entretenido, sí, intenso por momentos, también, con una gran entrada y una afición que volvió a demostrar que el Clásico Tamaulipeco todavía tiene algo que decir, sin duda. Pero tampoco fue el partido que algunos quisieran vendernos como el gran parteaguas del fútbol tamaulipeco.

Y aquí comienza la verdadera CONTRACARA.

Porque una cosa es ganar el clásico. otra muy distinta es resolver el problema que tiene Correcaminos enfrente. La noche fue redonda para la afición. Lluvia sobre la Perla Tamaulipeca, un Marte R. Gómez con ambiente, el gol de Islas, tres puntos y la satisfacción de ganarle al vecino incómodo.

Y sí, hay que disfrutarlo. Pero mientras algunos ya estarán preparando el discurso de que con esta victoria se arregló todo, yo prefiero hacer una pregunta bastante más puntual:

¿Y después del clásico, qué?

Porque Correcaminos llegó a este partido después de un arranque que lo colocó en la parte alta de la clasificación y que generó expectativas importantes. Pero fue un castillo de arena y comenzó a desvanecerse.

El equipo de Gabriel “Místico” Pereyra llegó al clásico con el agua más cerca del cuello de lo que muchos han intentado suavizar. Y del otro lado tampoco estaba precisamente un gigante en plenitud.

La Jaiba Brava, dirigida por Daniel “Borita” Alcántar —quien además ya conoce lo que significa estar en el banquillo de Correcaminos desde aquel Guard1anes 2021— también llegaba pateando el bote, con más dudas que certezas.

Así que no nos hagamos. Los dos llegaron necesitados, y Correcaminos lo ganó.

Pero mientras la afición celebraba, mientras la lluvia hacía lo suyo y mientras el Marte R. Gómez se convertía por unas horas en ese teatro de los sueños victorense, afuera del terreno de juego seguía existiendo el mismo elefante en la habitación: el ascenso.

Porque aquí es donde algunos quieren que hagamos como que las nubes son algodones de azúcar y que la luna es de queso y no, no funciona así.

El problema de Correcaminos no comenzó el viernes 25 de septiembre, tampoco terminó cuando Omar Islas convirtió el penal, el problema viene de mucho antes.

Y tiene nombre, apellido y consecuencias: un sistema de competencia donde los clubes de expansión no tienen actualmente una vía deportiva abierta para ascender a la máxima categoría. Ahí está la verdadera discusión.

No en sí Correcaminos le ganó a la Jaiba, eso ya lo sabemos.

La pregunta es qué está haciendo el club para defender su futuro dentro de un modelo que, tal como está planteado hoy, limita precisamente aquello que debería darle sentido a cualquier proyecto deportivo: competir para subir.

Y ahí es donde ya no basta con discursos, no basta con ser LEAL, no basta con ganar clásicos, no basta con llenar un estadio una noche y tampoco basta con pedirle a la afición que siga poniendo el corazón cuando no existe una ruta clara para llevar ese corazón hasta donde todos quieren verlo.

Porque el fútbol profesional no se sostiene únicamente con pasión, se sostiene con dinero, con estructura, con proyecto, con inversión, con objetivos y con una visión que vaya mucho más allá de la próxima jornada. Porque si el proyecto solamente consiste en sobrevivir dentro de la categoría actual, entonces habrá que preguntarnos:

¿Para quién está jugando Correcaminos?

Porque para su afición, para una ciudad y para poder existir unos años más bajo este mismo panorama… no te va a alcanzar para sostener un equipo.

Y esa es la parte que algunos prefieren no mirar, pero en CONTRACARA, precisamente para eso estamos, para que todos sepan mirar lo que está detrás de un simple clásico, de un torneo. Pero… ¿hasta cuándo?

El problema existe y no solamente le preocupa a algunos clubes de Expansión, algunos, francamente, les aterra porque no hay un futuro sostenible para seguir en la categoría de Expansión. Atlético La Paz, Cancún, Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, Mineros de Zacatecas y Morelia conocen perfectamente este escenario.

Son proyectos que saben lo que significa construir un equipo deportivo sin tener certeza sobre el horizonte competitivo al que pueden llegar. Porque una cosa es decir: “Vamos a competir” y otra muy distinta es poder decir: “Vamos a competir para ascender”. No es lo mismo.

Y ahí está precisamente la discusión que Correcaminos parece estar evitando.

No se trata de exigirle a la presente administración que se rompa las medias contra todo el fútbol mexicano. ¡No!. Tampoco estamos diciendo que mañana salgan a declararle la guerra a la Liga MX, a la Liga de Expansión o a quienes tienen el poder económico y comercial del fútbol mexicano.

Se trata de algo mucho más sencillo: tener una postura.

Defender el mérito deportivo, defender el derecho de competir, defender el futuro del club y no coartar la libertad de expresión de los jugadores porque saben perfectamente que esa pesadilla no se va ni siendo líderes de la tabla general, ni entrar a una liguilla, ni jugando una final.

Porque esto, señores, ya lo vivimos aquí. En el 20-21 hubo una postura. Hubo una defensa. Hubo momentos en los que Correcaminos decidió plantarse y defender hasta morir en la raya aquello que consideraba justo para su institución. Hoy no estamos diciendo que la administración actual tenga que hacer exactamente lo mismo.

Estamos diciendo que tiene que luchar. Porque quedarse callados también comunica y, en ocasiones, parece que quedarse callado puede terminar teniendo un precio mucho más alto que morir de pie, luchando. Porque si no vas a pelear por el mérito deportivo, entonces hay una pregunta que tarde o temprano alguien tendrá que responder: ¿qué mensaje le estás dando a los que vienen detrás?

A las fuerzas básicas, a esos chamacos que todos los días se parten el alma por representar un escudo, por vestir unos colores, por escuchar que algún día pueden llegar al primer equipo, a esos padres de familia que han invertido dinero, tiempo, sacrificios, viajes, uniformes, entrenamientos y prácticamente media vida para que sus hijos puedan alcanzar un mérito deportivo.

¿Qué les dices?

¿Qué les dices cuando un muchacho trabaja durante años para llegar al profesionalismo y descubre que, aun haciendo las cosas bien, el camino deportivo hacia la máxima categoría está cerrado?

¿Qué le dices al niño que sueña con jugar en Correcaminos?

¿Que gane?

¿Que entrene duro?

Que se esfuerce? ¡Por supuesto!. pero también hay que decirle la verdad: que el sistema en el que está creciendo puede no permitirle llegar por mérito deportivo a donde aspira. Y ahí es donde Correcaminos debería estar hablando, no solamente por el primer equipo, no solamente por los jugadores actuales, no solamente por los aficionados que pagan un boleto, Por toda la estructura que está detrás del escudo.

Porque si el club no defiende un proyecto deportivo con futuro, entonces las fuerzas básicas terminan convirtiéndose en una fábrica de sueños con una puerta de salida cada vez más estrecha.

Y eso sí debería preocupar. Porque el problema no es solamente cuánto cuesta mantener a Correcaminos, el verdadero problema es para qué construir y sostener un proyecto deportivo si al final no existe una ruta clara para llevarlo hasta el siguiente nivel.

Y aquí volvemos al principio. Sí, correcaminos ganó el clásico, la capital manda, la afición celebró, Islas convirtió. ¡Si!

Pero la realidad es que los subsidios se acaban, los presupuestos cambian, las administraciones pasan, los jugadores pasan, los técnicos pasan, los directivos pasan.

Pero el escudo se queda.

Y si quienes hoy tienen la responsabilidad de administrarlo no pelean por el futuro de ese escudo, entonces mañana no solamente tendrán que responderle a la afición. Tendrán que responderle a todos esos niños y jóvenes que crecieron creyendo que jugar para Correcaminos significaba tener la posibilidad de llegar algún día a Primera División

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