Hay países que llegan a un cambio de gobierno con una lista de problemas perfectamente conocida: seguridad, economía, empleo, pobreza, violencia, corrupción. Y hay ocasiones en las que la naturaleza decide agregar uno más, sin pedir permiso.
Colombia acaba de vivirlo.
El país venía de meses de enorme tensión política y social y, apenas tres días después de que Abelardo de la Espriella asumiera la Presidencia, un terremoto de magnitud 7.4 golpeó el occidente colombiano, dejando una tragedia humana que todavía está siendo contabilizada. El nuevo gobierno tuvo que declarar la emergencia nacional y concentrarse, desde sus primeras horas, en rescate, atención médica y reconstrucción.
Y quizá lo más paradójico es que Colombia no es el único país de la región que ha recibido recientemente este recordatorio de lo frágil que puede ser un territorio. En junio, Venezuela sufrió dos terremotos de gran magnitud, de 7.2 y 7.5, con apenas 39 segundos de diferencia.
Pero mientras la naturaleza golpeaba, De la Espriella también comenzaba a mostrar la otra cara de su gobierno: mano firme contra los grupos armados. Apenas iniciado su mandato, su administración confirmó el abatimiento del líder el “Ruso”, señalado como cabecilla de una estructura disidente de las FARC.
Así comienza un gobierno que prometió autoridad y seguridad, pero que ahora tendrá que demostrar que también sabe responder cuando el enemigo no tiene rostro, uniforme ni ideología: cuando simplemente tiembla la tierra.
En otro lado del mundo
Y mientras Colombia intenta levantarse, en Turquía se escribía otra historia que parece salida de una película.
Durante la cumbre de la OTAN, Donald Trump tuvo que abandonar Turquía mediante un elaborado operativo de seguridad, después de que autoridades estadounidenses detectaran una amenaza considerada creíble relacionada con fuerzas iraníes. La operación incluyó utilizar el antiguo Air Force One como señuelo, hacer el abordaje al avión presidencial, para ser sacado oculto en un carro de servicio por la puerta trasera, y trasladarlo secretamente a otro avión militar.
Lo interesante no es solamente el operativo. Es lo que simboliza.
Estados Unidos continúa siendo la mayor potencia militar del planeta, pero aquella imagen del presidente estadounidense llegando a cualquier rincón del mundo con la certeza de que nadie se atrevería a tocarlo parece pertenecer a otra época. Ahora incluso el hombre más poderoso del mundo necesita un avión señuelo, rutas ocultas y un operativo digno de una película de espionaje para salir de una cumbre internacional.
Y aquí es donde las dos historias se encuentran.
Porque Trump fue uno de los primeros líderes internacionales en respaldar a De la Espriella. Durante la campaña llegó a prometer que, si ganaba, Colombia tendría “el apoyo y la fuerza total” de Estados Unidos.
Ahora ese respaldo tendrá que pasar de las palabras a los hechos.
Colombia necesita ayuda para levantarse de una tragedia que nadie pudo prever. Estados Unidos habría anunciado un paquete de 1,000 millones de dólares para seguridad, mas 15.5 millones de dólares en asistencia de emergencia tras el terremoto.
Al final, quizá esa sea la paradoja de este Mundo al revés: un presidente que apenas comienza, enfrentando terremotos y violencia; y otro que sigue siendo poderoso, pero que necesita esconderse para estar a salvo.
El mundo sigue cambiando. Y, cada vez más, parece hacerlo de cabeza.