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 04 de septiembre de 2026

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Se acabó el Mundial… ahora toca volver a la realidad

Dicen que después de una gran fiesta viene la resaca. Y vaya que el Mundial nos dejó una de esas difíciles de superar.

Durante poco más de un mes vivimos pegados a la televisión, viendo estadios repletos, selecciones de primer nivel, figuras internacionales, goles memorables y hasta presidentes, reyes y celebridades compartiendo palco. El futbol volvió a ser el centro del mundo… aunque para muchos haya sido más un desfile de famosos que un torneo deportivo. Hoy, esos aficionados de ocasión regresan a su rutina y probablemente ni se han enterado de que la Liga MX ya disputó sus dos primeras jornadas.

Y ahí es donde volvemos los de siempre.

Los que cada fin de semana seguimos a nuestro equipo aunque juegue bajo 40 grados, aunque el estadio esté a medio llenar o aunque el partido sea un Mazatlán contra Puebla un viernes por la noche. Porque el futbol mexicano podrá tener muchos defectos, pero sigue siendo nuestro futbol.

Apenas van dos fechas y sería absurdo comenzar a repartir etiquetas de campeón o de fracaso. Sin embargo, ya empiezan a verse algunas tendencias interesantes.

Los llamados “grandes” no han tenido un inicio perfecto. Algunos siguen encontrando funcionamiento, otros apenas recuperan a los jugadores que estuvieron concentrados con sus selecciones durante el Mundial, y varios técnicos todavía buscan el once ideal. Es normal. Los torneos cortos permiten arrancar despacio… siempre y cuando no se despierten demasiado tarde.

En contraste, hay equipos que parecen haber entendido que estos torneos se construyen desde la jornada uno. Xolos de Tijuana es quizá el caso más llamativo. El debut de Sebastián “Loco” Abreu en el banquillo ha sido mejor de lo esperado: dos partidos, dos victorias y una idea futbolística que, por lo menos de inicio, resulta atractiva. No sabemos si alcanzará para pelear el campeonato, pero al menos ya consiguió algo importante: que se vuelva a hablar de Tijuana por su futbol y no por sus problemas deportivos.

Y qué decir del regreso de los mundialistas.

Gilberto Mora volvió demostrando que el Mundial no le pesó. Entró desde la banca y terminó siendo decisivo con el gol del triunfo frente al León. El muchacho parece haber regresado con más confianza que nunca y confirma que es uno de los proyectos más ilusionantes del futbol mexicano. Ojalá el reflector no termine apagándolo antes de tiempo y que, cuando llegue el momento, dé el salto a una liga donde realmente pueda seguir creciendo.

Mientras tanto, Cruz Azul intenta confirmar que el título no fue casualidad; Toluca, América, Tigres, Monterrey y Pumas siguen ajustando piezas. Apenas estamos empezando y todavía queda mucho camino por recorrer. Lo prudente es disfrutar el torneo sin caer en las conclusiones apresuradas que tanto abundan en redes sociales después de cada jornada.

Pero si hay una noticia que sí merece una conclusión definitiva, es la que llegó fuera de la cancha.

La desaparición del ascenso y descenso como parte del reglamento del futbol mexicano representa, quizá, el golpe más duro que ha recibido nuestro balompié en muchos años. Más allá de los argumentos económicos o administrativos, se elimina el principal incentivo deportivo para decenas de clubes que durante décadas soñaron con llegar a Primera División.

Lo más preocupante es el silencio.

Son pocos los equipos de la Liga de Expansión que han levantado la voz y, una vez más, pareciera que el conformismo termina imponiéndose. Sin competencia real, sin consecuencias para los últimos lugares y sin la ilusión del ascenso para quienes hacen bien las cosas, el futbol mexicano corre el riesgo de convertirse en un torneo cómodo para los dueños, pero cada vez menos competitivo para los futbolistas. Incluso algunos clubes de Expansión analizan volver a recurrir al TAS para impugnar la decisión, aunque hasta ahora el respaldo no ha sido unánime.

Y mientras nosotros seguimos discutiendo si la Liga MX está entre las mejores del continente, la MLS continúa creciendo, exportando jugadores y atrayendo talento, mientras que la liga de Arabia Saudita irrumpió con fuerza gracias a su capacidad económica y al nivel de figuras internacionales que ha logrado incorporar.

Podemos seguir diciendo que nuestro futbol tiene tradición, pasión y estadios llenos. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que el futbol moderno ya no espera a nadie.

Y cuando una liga deja de premiar el mérito deportivo, tarde o temprano termina pagando la factura.

Porque el problema no es solamente haber eliminado el ascenso. El verdadero problema es haber eliminado la posibilidad de soñar.

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