Durante años ha circulado la afirmación de que la inteligencia de un hijo proviene, en gran medida, de su madre. Aunque algunos estudios han analizado el papel de ciertos genes maternos en el desarrollo cognitivo, los especialistas coinciden en que no existe evidencia científica que respalde que el 80% de la inteligencia sea heredada exclusivamente por vía materna.
La inteligencia es una característica compleja que depende de la interacción de miles de genes heredados tanto del padre como de la madre. Además, factores como la alimentación, la estimulación temprana, el acceso a la educación, el entorno familiar y las experiencias de vida desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de las capacidades cognitivas.
Algunas investigaciones han sugerido que determinados genes relacionados con funciones cognitivas podrían encontrarse con mayor frecuencia en el cromosoma X, del que las madres siempre transmiten una copia a sus hijos. Sin embargo, los científicos advierten que estos hallazgos no significan que la mayor parte de la inteligencia provenga únicamente de la madre ni permiten establecer porcentajes como el 80%.
Expertos en genética y neurociencia señalan que el desarrollo intelectual es el resultado de una combinación de herencia genética y factores ambientales. Por ello, atribuir la inteligencia a un solo progenitor simplifica en exceso un proceso biológico mucho más complejo.
En conclusión, aunque la madre desempeña un papel esencial en el desarrollo de sus hijos, la evidencia científica actual indica que la inteligencia no depende exclusivamente de la herencia materna, sino de la contribución genética de ambos padres y del entorno en el que el niño crece y se desarrolla.