En un intento por fomentar una alimentación más saludable entre los niños, McDonald’s desarrolló hace algunos años uno de los experimentos culinarios más inusuales de su historia: un brócoli con sabor a chicle. Sin embargo, la idea no tuvo el resultado esperado y nunca llegó a comercializarse.
El peculiar proyecto fue revelado en 2014 por el entonces director ejecutivo de la compañía, Don Thompson, quien explicó que la cadena buscaba encontrar nuevas formas de hacer que las verduras fueran más atractivas para el público infantil. La estrategia consistía en conservar la apariencia del brócoli, pero modificar completamente su sabor para asemejarlo al de un chicle de burbuja.
Lejos de convertirse en un éxito, las pruebas de degustación mostraron un resultado inesperado. Los niños que participaron en la evaluación señalaron sentirse “confundidos por el sabor”, ya que el cerebro asociaba la apariencia del brócoli con un vegetal, mientras que el gusto era completamente distinto. Ante esa reacción, McDonald’s descartó el proyecto antes de lanzarlo al mercado.
El experimento formó parte de una serie de iniciativas con las que la empresa buscaba responder a las críticas sobre la calidad nutricional de su menú infantil. En esos años, la cadena también redujo el tamaño de las porciones de papas fritas en la Cajita Feliz e incorporó opciones como yogurt bajo en grasa y rebanadas de manzana para ofrecer alternativas más saludables.
Aunque el brócoli con sabor a chicle quedó como una curiosidad en la historia de la cadena de comida rápida, el caso es recordado como uno de los intentos más llamativos —y fallidos— por modificar los hábitos alimenticios de los niños mediante la innovación en sabores.